
En unos días se celebra el Día de Pi (sí, 3,1415926 etc) y mientras practicaba círculos con el compás preparando actividades para celebrar el día, me armé sin querer un diagrama de Venn, ese diagrama que los círculos se van interponiendo uno sobre otro hasta encontrar algo en común. Y me acordé de un libro -que no me gustó mucho, aclaro- y que habla de Ikigai, un término japonés que se refiere al propósito de vivir y para el que se usa mucho el diagrama Venn. Esto es porque Ikigai se muestra siempre a través de uno de estos diagramas ya que está compuesto por cuatro aspectos: lo que amás hacer, aquello en lo que sos bueno, aquello que podés hacer y por lo que te pueden pagar y lo que el mundo necesita. El punto en el que los cuatro aspectos se juntan (que si hacés cuatro círculos superpuesto te da un diagrama de Venn) es tu Ikigai. Un ejemplo práctico que hice para mí en torno a la profesión es el siguiente:
- Lo que amo: trabajar con educación.
- Aquello en lo que soy buena: sin falsa modestia, soy buena dando clases.
- Aquello que puedo hacer y por lo que me pagan: dar clases.
- Lo que el mundo necesita: educación.
Mi Ikigai profesional es ser profesora o trabajar en educación. Y qué casualidad, soy profesora y trabajo en educación. A pesar de rezongar por el salario y por las dificultades que se pueden presentar, la verdad que puedo decir que mi trabajo me hace feliz. No siempre, no todo el tiempo, pero no me veo en otro lado (bueno, sí en República Dominicana en un resort all included pero bueno, todo no se puede). Ikigai en realidad habla de la vida en general pero para mí, cada área se conforma de un Ikigai diferente. Porque lo que amo, no es mi trabajo. Mi trabajo me gusta y lo disfruto. Lo que verdaderamente amo es a mi familia, a mis amigos. Amo tener salud. El resto es complementario. Entonces, pensé en compartir esta idea del Ikigai para repensar un poco las cosas que tenemos en casa. Empecemos:
Lo que amás
Yo sé que no se “aman” cosas. A diferencia del idioma inglés (o inclusive el portugués cerquita nuestro), en general no decimos “amo mi vestido nuevo” sino “me gusta mucho”, “me encanta”, etc. Es bueno no amar cosas ni tener la costumbre de decirlo (puntito para el español). Pero para fines prácticos, vamos a pensar lo siguiente: querés minimalizar tu ropero. ¿Qué cosas no amás? ¿Qué cosas no te gustan mucho, pero mucho? Esas separalas del resto. ¿Y libros, por ejemplo? ¿Qué libros no amás? Separalos.
Aquello en lo que sos bueno
Seguimos con el ropero. No podés ser bueno con las ropas, pero podés cambiar el verbo por “lo que no me queda bien”. Con los libros, “lo que no me hace sentir bien”. Y así con cada área que quieras minimalizar.
Aquello que puedo hacer y por lo que me pagan
Acá nos quedamos con “lo que nos pagan”. Fijate aquello que podés vender porque no lo amás y no te queda bien. O en lo libros, los vendibles y que no te gustan.
Lo que el mundo necesita
De lo que estás analizando, hablando de ropa, esa ropa que no amás, no te queda bien y no te pueden pagar, ¿está usable? ¿Se lo darías de regalo a alguien de tu familia, de tus amigos, a conocidos? Lo mismo con los libros, ¿son leíbles? ¿Son muy viejos y obsoletos como para que les sirvan a alguien? Si pensás que otros no van a utilizar lo que vos tenés, entonces el mundo no los necesita…
Y todo eso que se quedó, que no entró en el separalo, es lo que te podés quedar.
Ikigai para mí se puede aplicar a todo. A cada área de tu vida. Yo estoy en plena limpieza de ropas porque me dieron mucha ropa usada. El fin de semana pasado saqué todo e hice ese camino de Ikigai. La mitad fue para donación y la otra mitad la di para las mamás de mi grupo que tienen chicos más chicos. Había ropa que me gustaba mucho pero no me quedaba bien. Había ropa vendible pero preferí priorizar lo que el mundo necesitaba. En fin, creo que podemos explorar mucho más el concepto de Ikigai en todos los aspectos de nuestras vidas.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.