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Ep. 139 | 3 formas de ver cuándo somos consumidores y cuándo consumista

Posted on enero 20, 2026enero 20, 2026 by Muna
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Yo, consumista, queriendo llevarme todas las especias que no usaré cuando entro en los negocios naturistas…(Pieter Aertensen, 1550)

Recientemente estaba charlando con mi compañero, diciendo que este año vamos a tener que controlar más el presupuesto y consumir menos. Y surgió una pregunta: ¿somos consumistas o consumidores? Porque nosotros en realidad, de consumistas tenemos poco. Somos en ciertas áreas pero en términos generales, somos frecuentemente simples consumidores.

Veamos entonces: un consumidor es una persona que consume algo en la medida cierta; puede ser un producto, un servicio, un contenido, cualquier cosa que él no produzca y necesite adquirir de otros. Ahora, un consumista es aquel que no solo consume sino que consume con avidez.

Y en general, todos somos un poco consumistas además de consumidores. No podemos de dejar de ser consumidores: compramos comida, ropa, pagamos el colectivo, vivimos consumiendo y está bien, sino la rueda de la vida no funciona. A menos que nos autoabastezcamos de todo, hasta la dipirona que tomamos la produjo alguien que probablemente no seas vos (hubo fiebre en casa, por eso el ejemplo).

Y ya que estamos en un año de ajuste de cinturón, analizar cuándo somos consumistas y no consumidores es interesante para minimalizar desde gastos de plata hasta gastos de tiempo y otros recursos válidos como la paciencia, la claridad mental, bah, todo eso que viene de no andar sobrecargando la vida.

1- Consumir por necesidad y no por impulso

Cuando consumimos para satisfacer una necesidad real —comida, ropa que usás, servicios que necesitás— con un criterio pensado y claro, somos meros consumidores. Hay una intención detrás de cada compra porque aunque no nos preguntemos esto, responde a la pregunta de si esto me sirve ahora. Y ojo al piojo, las necesidades básicas no son lo único que necesitamos para vivir: el esparcimiento, el tiempo de ocio también son parte de este consumo necesario. Son esas actividades que pondríamos como respuestas a si te suma o te resta en tu vida. No sé, ir al cine con mi familia cada vez que hay una película que nos interesa no es una necesidad esencial para vivir, pero es algo que nos suma mucho como familia y no mata nuestra billetera.

Ahora, el consumista compra por impulso. Y en general, adquiere más de lo que necesita o más de lo que le va a servir para sumar algo en su vida. Porque si yo me compro 15 libros y tengo que pagar la tarjeta en 15 meses, lo único que realmente me suma eso es deudas mezclado con un poco de placer al leerlos. Pero la realidad es que estaría extrapolando esa necesidad de ocio hacia lugares que van más allá de lo que realmente necesito. Lo que diferencia al consumista del consumidor es que el consumista en sí compra cosas no esenciales porque quiere la sensación instantánea de satisfacción, es eso “me lo merezco”, “lo quiero”, “tengo que tenerlo porque después no sé si lo puedo comprar”. No está mal querer algo no necesario, no quiero acá regalar culpas. Pero fíjense cuando vayan a comprar algo que no está dentro de las necesidades básicas (techo, comida, salud, incluyo ocio) cuánto de eso pueden adquirir y si vale la pena adquirirlo.

Esto nos lleva al punto 2

2- Consumo reflexivo y consumo excesivo

Ser consumidor también puede ir de la mano con la idea minimalista de reducir lo innecesario: pensá, por ejemplo, en simplemente preguntarte antes de comprar ¿realmente lo necesito o solo lo quiero?, que es una de las preguntas básicas que hay que hacerse para no andar despilfarrando dinerito por ahí. Pregúntese el para qué voy a comprarlo. Parecen preguntas repetitivas pero cuando de consumo se trata, muchas veces dejamos que el deseo, el cansancio, el “me lo merezco” nos gane. Como digo siempre, no es que no puedas comprarte algo extra o que no te lo merezcas, la cosa es en qué proporciones lo hacés y por eso las preguntas que nos pueden servir para repensar impulsos. El buen consumidor va a saber cuándo puede darse ese espacio.

Ahora el consumista, en cambio, tiene una tendencia al consumo excesivo: acumula, reemplaza y compra nuevas cosas sin parar. Compra ropas nuevas cada vez que ve algo que le gusta, cositas que no usa, cosas que desaparecen en un cajón porque se olvidó que las compró o las usó media vez y las abandonó. Es como que todo se transforma en poco importante: si tenés siete camisas y usás tres generalmente y una para fiestas o momentos que requieren una ropita diferente, ¿qué hacemos con las otras tres que te sobran, para qué las tenés? Te compraste, como me pasó varias veces, ese cuaderno que te pareció lindo y durante el año no usaste ni media hoja porque tenés unos ochocientos guardados en tu caja de cuadernos, ¿era realmente necesario?

Y esto nos lleva al punto 3

3- Consumo con propósito y consumo sin propósito

El consumidor, en general, va a intenta que lo compra se alinea con lo que quiere en su vida. ¿Qué quiero decir con esto? Si adquirís algo, lo pensás en relación a tus prioridades: espacio libre, tiempo, bienestar emocional, bah, el bendito costo real de las cosas. Acá hablamos varias veces incluso de pensar el consumo en términos de “tiempo y energía”,o sea, no solamente plata que gastamos en cosas que no era el momento de comprar: cada compra se paga con horas de tu vida que dedicas a trabajar para ganar esa plata. No es para que nos paremos frente a cada cosita y pensemos: “oh, cuánto tiempo y energía este libro que no necesito me va a demandar” pero sí si ese momento en la balanza esos dos parámetros pesan más o menos en tu vida al momento de adquirir algo.

Ahora, si hablamos de consumistas, ya estamos frente a personas que van a permitir que sus decisiones estén dominadas por tener más, seguir la moda sin saber si les gusta realmente la moda, o el famoso “si no es hoy, cuándo” sin evaluar el impacto real sobre su vida. Termina con más cosas, pero no necesariamente con más satisfacción o felicidad. Cuando uno hace una limpieza porque se empieza a abrumar con las cosas que tiene, ¿no nos paramos a pensar para qué compramos o tenemos un montón de cosas? Muchas cosas no las compramos a veces; nos las dan y las agarramos sin más porque… “gratis”. Yo aprendí a inclusive cuando me ofrecen ropa que algún familiar ya no usa, decir no si no las voy a usar. Pregunto si tienen a quién dársela, y si no, las agarro para donarlas porque yo sé a quién ofrecérselas y sé que van a llegar a buen puerto. Antes, por esa mentalidad de “tal vez lo necesite mañana”, agarraba todo. Claro que mi situación económica estaba peor que hoy pero muchas veces me encontraba agarrando cosas que me daban por miedo a que me faltara. Y la verdad, la gran mayoría de las cosas que agarré por si las moscas, las terminé donando antes de que se arruinaran. Me pasaba eso mucho con la ropa de los chicos y después de un tiempo, me di cuenta que estaba siendo egoísta. No la usaba yo, no la usaba nadie. Solo consumía por consumir.

Y ahí nos damos cuenta que ser consumista no es solo gastar mucha plata o gastar lo que no tenemos. Es esa cosa de agarrar por agarrar. Es eso de pasivamente aceptar que entre todo en nuestra vida y acá podemos meter contenidos de streaming, redes sociales, compromisos o eventos que nos parecen interesantes pero no podemos con todos e igual lo intentamos, no sé, cursos y libros para mí (lo tengo bastante controlado esto, me aplaudo abiertamente por esta conquista).

El resumen de nuestra conversación con mi compañero lo podemos dejar una frase: consumir no es malo, al final, todos somos consumidores; lo malo es cuando el consumo deja de estar alineado con lo que realmente importa. Si empezás a pensar qué necesitás de verdad y por qué, ya estás dejando de ser consumista y te acercás más a ser un consumidor consciente. Y esa simple reflexión, te va a poner en una relación diferente con tu tiempo, tu dinero y tu vida.

Mis queridos consumidores y consumistas, nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.

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Soy una persona intentando vivir una vida tranquila y feliz como los carpinchos.

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