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Ep. 142 | 3 ejemplos de qué es la mentalidad de escasez

Posted on febrero 10, 2026 by Muna
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A veces me siento como estas tres personas, pidiendo algo que no llega…(“Tres mendigos”, Giacomo Ceruti, 1737)

Cada vez que hablamos de minimalismo, hablamos de lo suficiente. Hablamos de no comprar más de lo que necesitamos, más de lo que nos hace falta. Pero cuando vivimos en eternas crisis económicas, en montañas rusas de inestabilidad por el motivo que sea o ha crecido como muchos de nosotros en una perpetua inseguridad, es difícil pensar en solo lo suficiente, porque puede que no esté ahí más mañana. En 2023 compartí con ustedes un episodio llamado “Minimalismo y crisis económica” y me hacía la pregunta de si podíamos hablar de minimalismo cuando vivíamos en una crisis económica constante y si el minimalismo no era una forma de esconder que cada día, nuestros salarios podían conseguir menos. Claro que si nos falta lo esencial (techo, salud y comida) es superfluo hablar de “minimalizar”. Pero suponiendo que es esté cubierto, tiene todo el sentido del mundo. Porque esa vida de subibaja e inestabilidad, hace que muchos de nosotros tengamos esa idea de guardar, tener por si las moscas, por si pasa algo, por las dudas. Es lo que los estadounidenses llaman -no se sorprendan pero los estadounidenses le ponen nombre a todo como sun-drying para colgar la ropa como hemos hecho desde el comienzo de la humanidad- la mentalidad de escasez. Y por más que siempre critique le pongan nombre a todo, en esta la pegaron.

¿Y qué es esto?

La mentalidad de escasez no tiene que ver con cuánto tenés, sino con cómo percibís lo que tenés. Es mirar el mundo desde la falta, desde la idea constante de que no te alcanza, de que no hay suficiente, que en cualquier momento todo puede desaparecer como en un mercado cubano durante el período especial. Y la idea de mentalidad de escasez no tiene que ver con una condición económica sino con una condición mental, con el cómo nos paramos delante de ciertas circunstancias.

Algo que leí hace mucho y que cada tanto me viene a la mente es que cuando uno vive desde la escasez o mejor dicho, desde la mentalidad de escasez, uno toma decisiones para protegerse y no para crecer. Priorizás evitar la pérdida antes que buscar tu desarrollo. Y con el tiempo, nos acostumbramos tanto a pensar así que se convierte en una forma de vida.

El ejemplo más claro es la plata y por eso vamos a empezar por ahí.

1- Plata

Imaginá que conseguuiste ahorrar algo de plata después de mucho esfuerzo. No es una fortuna, pero es un comienzo. Pero…en lugar de sentir tranquilidad, sentís miedo. Miedo de usarlo, miedo de invertirlo, miedo de equivocarte. Entonces lo dejás inmóvil, ahí, parado debajo del colchón. No crece, pero tampoco se mueve. No digo que lo metas en un banco, el 2001 en Argentina nos enseñó que a los bancos ni un vaso de agua se les da con confianza. Pero el colchón en realidad tampoco es seguro. Te pueden entrar a robar. Se te puede prender fuego la casa. Claro que estos son ejemplos simbólicos. Pero la plata, el miedo de no tenerla porque ya no la tuvimos o tuvimos muy poca en algún momento, es el mejor ejemplo de mentalidad de escasez. Nadie te dice que gastes todo porque de algo nos morimos. Pero tampoco podés guardártela para siempre porque se desvaloriza y lo que podías hacer hoy, no lo podés hacer mañana con esa cantidad. El minimalismo lo que te dice es que uses esa plata para vos, para los tuyos, para lo que a vos te resulte importante. No para derrocharla. No para gastarla sin pensar. Sino para aprovecharla. Puede ser que aprovecharla sea irte un fin de semana a algún lado y el resto, ponerla a generar intereses (sin darle el vaso de agua lleno al banco, por favor. Ellos tienen más agua que vos). La idea del minimalismo no es que la plata no importa y que hay que tirarla al techo. Sino hacerla valer. Y ese valor se lo podés poner solo vos.

2- Las compras, las cosas

Acá creo que también es bastante claro para ejemplificar la mentalidad de escasez. Hay una oferta de algo que generalmente no comprás o comprás poco pero bueno, hay que darse un gusto en la vida. Al final, lo acabamos de decir: la plata no es para encanutársela hasta el fin de nuestros días. Pero decís: cuándo voy a encontrar esta oferta de nuevo. Y si después no puedo comprarlo. Y si, y si, y si. Ahí es dónde tenemos que parar para pensar: ¿es útil? ¿es bello? ¿es las dos cosas? Y sumarle otras como “ocupa espacio que no tengo”, “lo voy a volver a usar en un año”, básicamente “lo necesito o necesito tanta cantidad como la oferta me pide que compre”. Porque el “y si” no le hizo bien a nadie. Sí, si es algo que usamos, compremos la oferta en cantidades industriales. Yo aproveché una oferta de jabón líquido hecho de plantas y compré para seis meses. Pero porque tengo espacio para guardar esa cantidad, porque sé que lo voy a usar, porque no me generó una deuda, porque era un sí rotundo. No porque “tal vez no lo puedo comprar”. Porque es un hecho: tal vez no lo pueda comprar en seis meses. Pero no fue por eso que compré la oferta sino porque respondía a todas mis preguntas de utilidad, espacio, necesidad. Ahora, ¿la oferta de una colección de libros educativos que me muero por tener y estaba 50% menos de lo que generalmente estaba? No. Porque no la necesito, no tengo espacio, simplemente es porque me interesa leerlos. Pero tengo muchas otras cosas también en casa que cumplen esa función. Tal vez después y si no…tampoco nos vamos a morir por no conseguir tener algo que queremos.

3- Lo cotidiano

Guardás cosas que no usás “por las dudas”. Postergás decisiones importantes esperando el momento perfecto porque si no es lunes, no puedo empezar la dieta. Si mi casa no está completamente minimalizada, no puedo empezar a vivir. Vivís en un estado de espera eterna. Como si la vida real fuera a empezar después, cuando las condiciones sean mejores, cuando haya más estabilidad, cuando todo sea más predecible. Pero ese momento no llega. Y eso es porque la mentalidad escasez no es una circunstancia externa, algo que nos pasa porque tenemos la mala suerte de nacer acá, de haber crecido con esa familia, de no haber podido hacer esa carrera que querías. Y no estoy diciendo que, como dicen los coaches medio pelo, somos responsables por todo lo que nos pasa y no mejoramos porque no queremos. En parte, claro, hay una responsabilidad nuestra. Hay otras heredadas. Pero lo que sí sabemos que estamos acá, y si estás escuchando esto, probablemente seas un joven adulto, adulto, muy adulto o un adulto en proceso como todos nosotros, no importa. Lo que importa es lo que hacemos con lo que tenemos hoy. Ahora. Mientras tal vez podamos curar nuestras heridas y nuestros traumas charlando con amigos, con terapia, no sé. Pero esa espera del momento perfecto, de hacer o no hacer y/o guardar por las dudas. Esa duda de que puede venir algo peor (y tal vez venga) es paralizante. Podemos tener un pie en el “y si” porque de eso se trata también tener un plan: un ahorro, buscar comprar una casa, invertir, etc. Un poco de seguridad no le hace mal a nadie. Pero recordemos que el otro pie tiene que hincarse (qué lindo verbo) en el presente.

Y a mí, cuando pensamos en la mentalidad de escasez, lo que más me sorprende es que hay algo paradójico en esto de pensar que va a faltar algo: la escasez genera más escasez. Porque cuando funcionás desde el miedo, reducís tus propias posibilidades. No invertís, no cambiás, no confiás. Te mantenés en lo mínimo necesario, siempre pensando que va a venir algo malo. Y sí, de nuevo, lo repito porque quien ha crecido en Argentina o en nuestra hermosa América Latina, sabe que siempre puede venir algo malo. (No me olvido de ustedes, hermanos y hermanas españoles…nos une la raíz latina en esta de la escasez).

Pero ¿y si también a la idea de que puede venir algo peor le sumamos la idea de la abundancia? Que no es gastar sin pensar ni ignorar la realidad. Significa confiar en tu capacidad de generar, de adaptarte, de reconstruir si hace falta. Significa entender que tu recurso principal no es lo que tenés, sino lo que sos capaz de crear.

Salir de la mentalidad de escasez es casi una práctica diaria. Es parar de preguntarte “¿y si pierdo esto?” y empezar a preguntarte “¿qué puedo construir con esto?”.

No estoy queriendo hacer un discurso de “vivamos mal y aprovechemos las migajas”. No es eso, de verdad. Pero sí dejar de vivir en constante miedo al no tener. Al no tener cosas, al no tener suficiente, al no tener. Yo trabajo porque necesito pagarme el techo, la salud y la comida. Guardo porque puede que algo pase. Pero no dejo de vivir pensando en que ese algo efectivamente puede pasar. Porque sabelo: va a pasar probablemente. Y cuánto más convencidos estemos de que podemos vivir con lo suficiente, cuanto más convencidos estemos de que tenemos lo suficiente, mejor vamos a poder afrontar estos momentos.

Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.

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Soy una persona intentando vivir una vida tranquila y feliz como los carpinchos.

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