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Ep. 173 | 4 formas de que tu casa sea un refugio: una cocina para compartir (III)

Posted on octubre 13, 2026 by Muna
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En mi cocina de los sueños, tendría un pote lleno de frutas todos los días…(Henri Matisse)

Hoy seguimos con la tercera y anteúltima parte de “4 formas de que tu casa sea un refugio” y vamos a adentrarnos en el espacio que menos me gusta: la cocina. No la cocina en sí sino que no me gusta cocinar. Punto. Nada en contra de las cocinas. Pero sí debo decir que la cocina para mí, son recuerdos. ¿Por que cocinaba con mi familia? La verdad, no. Sino que son los olores y el ver a mi familia cocinar. Mi abuela era una maravilla en la cocina y me pasó de estar a miles de kilómetros de mi casa, estar en un restaurante y yo completamente emocionada comiendo un guiso de arroz con el gusto al guiso de mi abuela. O que todos mis cumpleaños, mi papá me cocinaba mi comida polaca preferida (la única que me gusta de verdad, debo decir). O mi papá también haciendo pizzas y empanadas todos los sábados y domingos. En fin, yo nunca tuve pasión por la cocina pero tengo grandes recuerdas en ella y por ella. Y entre las cosas que me vengo planteando en este último año, es esto de qué quiero que mis hijos recuerden cuando se acuerden de su infancia y los espacio que habitaron. Y la cocina, para mí, juega un papel muy importante. No importa el tamaño, si es abierta, cerrada, visualmente agradable, sino qué compartimos en ella.

Y acá van algunas ideas:

1- Hacer que cocinar sea más fácil

Como dije, a mí no me gusta cocinar, pero le pongo ganas porque quiero que mis hijos también aprendan a cocinar(se). Pero cuando la mesada está llena de cosas, el utensilio que necesitamos está guardado en el fondo de un cajón, los ingredientes están repartidos por distintos armarios y encima tenemos que lavar los platos de la comida anterior, la verdad que da todavía menos ganas de cocinar algo. Antes de romper un huevo, ya estamos cansados pensando en que vamos a tener que lavar el bowl y todo lo demás.

Por eso, una de las primeras cosas que podemos hacer para transformar nuestra cocina es reducir los obstáculos que nos separan de cocinar. Podemos empezar por ver cómo utilizamos el espacio. ¿Qué necesitamos tener a mano todos los días? ¿Qué utensilios usamos realmente? ¿Hay electrodomésticos que ocupan un lugar importante y que casi nunca utilizamos? ¿Tenemos una superficie libre donde podamos preparar los alimentos cómodamente?

No necesitamos tener todos los utensilios o electrodomésticos que aparecen en las recetas de Internet ni comprarnos 10 kilos de semillas de sésamo porque vamos a hacer panes. Lo que necesitamos es que las cosas que utilizamos estén disponibles cuando las necesitamos.

Podemos agrupar los ingredientes y los utensilios según su función. Tener juntos lo que usamos para preparar el desayuno, por ejemplo, o guardar en el mismo lugar los ingredientes básicos que utilizamos habitualmente para cocinar.

Cuando cocinar requiere menos esfuerzo, es más fácil encontrar las ganas de hacerlo. Una cocina minimalista no es necesariamente una cocina vacía. Es una cocina donde cada cosa tiene una razón para estar y donde el espacio trabaja a nuestro favor. Por lo menos, así lo estoy viendo yo.

2- Rodearnos de cosas que nos den ganas de estar allí

Una cocina tiene que ser funcional, pero eso no significa que tiene que ser un espacio exclusivamente práctico. También podemos pensar en cómo queremos sentirnos cuando entramos en ella. Por ejemplo, a mí me gusta ver mi mate esperándome cuando me despierto a la mañana. Es un mate de madera que lo compré porque me pareció lindo y era hecho a mano. Mi compañero toma café y compré un pote de vidrio con un agarrador de bambú igual al que le vi a Matt D’Avella en su canal de Youtube hace años y un día lo encontré barato y lo compré. Mi termo tiene manija de madera. Mis potes de vidrio con tapa de bambú me reciben llenos de dedos porque nadie los lava si no los lavo yo. El resto de la cocina siempre está medio desastre pero son esas cosas que me hacen entrar y decir “esta cocina medio desastre con cositas de madera es mía”. Son detalles chicos, pero contribuyen a que un espacio cotidiano se vuelva más agradable.

Y aunque acabo de contar de cosas que fui comprando a lo largo del tiempo, tampoco es que hay que comprar cosas para que la cocina sea de nuestro agrado. Claro que ayuda tener cosas que nos gustan, pero hasta que pude comprar las cosas, algunas acciones que ayudaban a que la cocina no me pareciera un lugar donde definitivamente no quería estar, era vaciar la mini mesada para que se vea más amplia, guardar los envases que no necesitaba tener a la vista, no dejar cosas revoleadas por ahí y mantenerla relativamente limpia. La idea no es que nuestra cocina se vea perfecta. Es que nos guste estar en ella. Y para eso, muchas veces, no necesitamos añadir nada. Necesitamos elegir mejor lo que dejamos a la vista.

3- Hacer de la cocina un lugar para compartir

La cocina no es solamente el lugar donde preparamos los alimentos. También puede ser uno de los espacios donde más nos encontramos con las personas que queremos. A veces compartir puede ser pedirle a alguien que lave las verduras mientras nosotros preparamos el resto de la comida. O dejar que los chicos ayuden con una receta con algo simple, como mezclar los ingredientes de una receta o elegir qué fruta vamos a comer de postre.

Muchas veces es más rápido si lo hacemos solos, si lo hacemos de nuestra forma, sobre todo con chicos. Nos ponemos un podcast, una serie, y empezamos a cocinar. Pero abrirse a compartir puede ser más complicado porque nos saca de nuestro cronograma habitual. Pero aunque no haya chicos en la casa, muchas veces mi compañero por ejemplo, hace solo la comida mirando algo. ¿No sería bueno ayudarlo? O pararse al lado a conversar. A hacerle compañía.

Y si estamos solos, está bueno también que disfrutemos de nuestra compañía. Hace un tiempo, me tocó la maravillosa experiencia de quedarme SOLA un domingo al mediodía. Me preparé una tortilla de espinaca con cebolla. Me puse música de fondo, corté chiquititas las cebollas, la espinaca, la mezclé, experimenté con condimentos y conseguí hacerla sin que se me desarmara y bien sequita. Compartí…conmigo.

En fin, hacer que la cocina sea un refugio como ven, no es solo tener cosas que nos gusten o no tener nada que nos obstaculice. Es una forma de construir un espacio que queramos compartir sea con las personas que queremos o con nosotros mismos. Que, como venimos diciendo, nos dé ganas de estar ahí.

La cocina es uno de los lugares donde más se repiten nuestras rutinas. Desayunamos, cocinamos, lavamos los platos y volvemos a empezar al día siguiente. Y también es uno de los espacios que nos pueden permitir crear memorias duraderas y nos da la posibilidad de construir pequeños momentos de conexión en medio de nuestras rutinas.

A veces necesitamos menos cosas sobre la mesada, menos complicaciones al cocinar y darnos una pausa para compartir. Nada más.

Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.

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Soy una persona intentando vivir una vida tranquila y feliz como los carpinchos.

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