
Yo, pensando en todos los cursos que no puedo hacer (William Oliver, 1884)
Pasé una semana y media de trabajo bastante atípica pero que me hizo pensar bastante en todo lo que quería hacer y no pude. Todo lo que me había propuesto hacer (y todo lo que voy sumando y después sacando cuando recapacito que no puedo con todo) y que no hice. En el medio de todo eso, justo escuché una frase en un video que estaba escuchando (no los veo, los escucho como podcast) que decía así:
“Podés hacer todo lo que quieras, pero no podés hacer todo”
Y me pareció una frase excelente para este momento particular del año, en el que en mi caso personal, se me acaba el tiempo para anotarme en los tres mil cursos que quiero hacer, ya termina el primer trimestre del año y como que se va la ventana de “hacer más, de hacer algo más, de no dejar perder el año”. Algo que conscientemente estoy dejando suceder pero que cuesta.
Podés no ser como yo, una eterna Doña Cursos. Pero tal vez en tu caso, sea sumarte proyectos o actividades extras que no tenías pensado y que ahora te parecen una excelente idea. Y tal vez lo sean y te vaya excelentemente como lo es tu idea. Sin embargo, acá viene la reflexión minimalista:
Cuánto de todo eso que te metés en tu calendario (sea personal o laboral), es viable de ser hecho bien.
No digo con excelencia, maravillosamente, 100% cumplido. Sino lo básico bien hecho. ¿Tenés tiempo de dedicarle tiempo a esa actividad, a esa nueva idea el tiempo necesario para hacer lo básico bien hecho? No más o menos, no perfectamente. Lo básico.
Yo soy enemiga de lo perfecto porque lo perfecto siempre termina parándote. Enemiga y amiga, porque en el momento en que mis cinco días de corrida se cortan, ya entro en depresión porque no pude hacer cinco días y qué fracaso que soy porque hice tres (bueno, no tanto pero me hace pensar “vuelvo a cero” como si en el camino de esos tres días no hubiera conseguido nada). Por eso digo que cualquier actividad que elijas poner en tu vida, tiene que tener de vos lo básico bien hecho. Está el dicho de “mejor hecho que perfecto” y sí, pero no. El cómo lo hacemos cuenta. De qué sirve hacer todo sin ganas, solo por cumplir, sin hacer lo básico bien hecho. Y lo básico incluye que te signifique algo a vos el esfuerzo de usar tu tiempo en esa actividad.
Por eso, esa frase de “”Podés hacer todo lo que quieras, pero no podés hacer todo” me parece una excelente forma de minimalizar tus actividades. Porque si hacés todo, terminás haciendo nada. Y tu tiempo es un recurso finito.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
