
Quería cargar una valija de posibilidades tan chiquita como la del actor Ichikawa Danjuro (Japón, 1773)
Este fin de semana que pasó, tuve una epifanía. Así, mágica, maravillosa, iluminadora. La verdad, no. Fue un acto de cansancio, básicamente agotamiento físico, mental y emocional.
El domingo conseguí unas horas en soledad. Podría haberlas pasado limpiando, ordenando, viendo Netflix (estoy viendo la última de Misión Imposible en capítulos de 20 minutos porque es eterna pero la quiero ver), escuchando 300 podcasts pero decidí hacer algo que me estaba costando mucho: sacar posibilidades.
La semana pasada charlamos un poco sobre descartar aquello que era para nuestro yo fantasioso, esas cosas que tenemos porque “algún día” (que no llega nunca) haremos, aquello que era para nuestro yo del pasado, esas cosas que representan lo que fuimos y nos cuesta largar y las cosas por miedo a que nos falten. Hoy seguimos un poco con eso pero desde otra perspectiva.
Digamos que como a mí, te pasa que hay cosas que no te decidís a dejar ir. No importa en cuál de las tres categorías entren las cosas, yo fantasioso, yo del pasado o por las dudas. Esas cosas que te quedan son posibilidades. Son cosas que tal vez vas a usar, que tal vez te serán útiles, que tal vez formen parte de tu vida. Pero por ahora, son cosas que están en el limbo de “se queda o se va”. Me pasó este domingo con, claro, libros. Siempre libros. Y materiales de papelería (cartulinas, una tinta y pinceles para caligrafía japonesa y muchos lápices y marcadores colocados en cartucheras identificadas- hubo un intento de ordenar entre otras cosas).
Como vengo haciendo espacio de forma constante acá en casa, hay una valija que uso para las vacaciones que quedó casi vacía (suele tener cosas que no usamos muy seguido, como colchas. Ya tienen su propia casita…). La saqué del armario y decidí que lo que entrara cómodamente en ella, aquello que todavía no estoy segura si quiero dejar ir, las pondría ahí hasta fin de año. Puse los libros. Son libros, en su mayoría, de actividades para hacer con chicos basados en la metodología STEAM, que trabaja con ciencia y tecnología pero no me terminan de cerrar. Tengo otros diez a mano muchos más fácil de hacer con mis hijos pero como estos me costaron plata, como quiero hacerlos con mis hijos y como no sé si los voy a poder comprar de nuevo, me cuesta dejarlos ir. Todavía hay una posibilidad de que pueda hacer las actividades con los chicos. Por eso me cuesta dejarlos ir.
Cuando los chicos nacieron, hice un montón de tableros de Pinterest con actividades para hacer con ellos. Pasaron los años y siguen ahí, riéndose de mi fantasía de hacer diez mil cosas con ellos en su primera infancia. Estos libros son un poco eso pero todavía existe la chance de hacerlo.
Ahí es donde entra la valija de posibilidades limitadas. Hay veces que todavía tenemos chance de usar esas cosas para ser o hacer lo que pensamos que podríamos hacer (o ser). Pero necesitamos ponernos límites para que no te pase como mis tableros de Pinterest y las cosas se transformen en cosas para tu yo fantasioso.
Yo elegí una valija porque estaba vacía y la tenemos arriba en el armario. Pero en tu caso puede ser una caja, un cesto, un espacio específico. Si tenés cosas que todavía no sabés si podés dejar ir, ponelas ahí, donde sea fácil sacarlas si las necesitás pero que no te incomode en tu día a día. Y ponete un tiempo para ver si las vas a usar. Limitá tus posibilidades en cantidad y en tiempo. En ese espacio limitado, entran X cantidad de cosas. No podés pasarte de ese espacio. Supongamos que como yo, te ponés hasta fin de año porque es cuando voy a usar la valija para irme de vacaciones. A fin de año, si no usaste esas “posibilidades”, se van para un lugar mejor.
El episodio pasado conté que dejé ir los pasteles al oleo (odio me salió) porque casi no los estaba usando. Los usaba para pintar mandalas pero en los últimos tiempo, no estaba con tiempo para hacerlo. Y los saqué de casa. Resulta que acomodando las cosas de papelería, descubrí que tengo otro kit de pasteles. Como saqué los libros/posibilidades, tenía espacio para mis pasteles de nuevo. Y a la noche, pinté una mandala. No era que no los estaba usando por falta de tiempo. Era por tener un mundo de posibilidades que me distraía bastante. Cada vez que me sentaba con un tiempito, agarraba uno de esos libros pensando en cómo armar una experiencia con los chicos mientras había otros libros que tenemos muy parecido, con la experiencia ya desglosada, explicada y son maravillosos. Pero a veces caigo en esa de “ocupar el tiempo con algo que te gusta siempre porque sino, se te va la vida”. Me saqué esas distracciones y mis pasteles volvieron a ser al oleo y no al odio.
Si tenés muchas posibilidades en tu casa, limitalas en tiempo y espacio. Sea una valija de posibilidades, sea un cesto de posibilidades, sea una caja de posibilidades.
Todos tus YOs te lo van a agradecer.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
