
La semana pasada comenzamos a hablar sobre minimalismo digital y cómo organizar archivos digitales. Hoy vamos a hablar de las fotos digitales, algo que se acumula en todos los dispositivos e inclusive en las nubes digitales que pagamos para no perder contenido.
Antes de empezar, quiero dejar claro que organizar las fotos digitales da tanto trabajo como organizar las fotos físicas. ¿Se acuerdan los más viejitos esos sábados o domingos que agarrábamos las cajas de fotos y pasábamos horas mirando, recordando, riendo (o no) y acomodando fotos? Bueno, es algo así. Pero sin tanta gracia.
Vamos a los pasos entonces:
1- Bajar todo en la computadora (o dispositivo de preferencia)
El primer paso es el de mandar todo lo que tenemos a la computadora (voy a decir computadora pero que sea en lo que usás usualmente). Foto, video, meme, gif. Todo. Es mucho más fácil empezar por un lugar para organizar. La primera vez que organicé todo fue hace unos años y bajé todo en un hard drive externo borrando automáticamente todo del dispositivo original pero no lo recomiendo. No sé qué pasó pero un año después el hard drive no abría y cuando lo llevamos a arreglar, costaba una fortuna. Perdimos todo. Mi recomendación entonces es bajar los archivos pero no sacar nada en un primer momento del dispositivo original o lugar (podemos tener fotos en el celular, en el WhatsApp, en alguna red social, etc). Ahora es hora de tener todo cómodamente puesto en un solo lugar. Yo elijo la computadora.
2- Borrar sin dolor.
Creo que este es el paso principal para organizar. Para los que vivimos gran parte de nuestra vida con fotos impresas, era más simple: veíamos una foto más o menos y la tirábamos. No había mucho más que hacer porque los álbuns de fotos venían con un espacio limitado para la cantidad que podías poner. Ahora, con las fotos digitales es más difícil: todo cabe, todo entra, todo se puede extender un poquito más. El problema con esto es que después no encontramos nada, no sabemos qué tenemos, para qué lo tenemos y la mayoría de las veces ni ponemos nombre en los archivos entonces tenemos la foto 2bha12x.jpeg y no tenemos ni idea de lo que guardamos hasta que un mágico día se nos ocurre ver qué es eso. Entonces, si vemos un paisaje repetido tres o cuatro veces, borramos las repeticiones. Vemos caras que no recordamos, borramos. Vemos fotos borrosas, borramos. Vemos fotos que no sabemos qué son, borramos. Memes y gif (a menos que tengan un significado muy especial para vos, lo que dudo), no se piensa dos veces, se borran. Cinco fotos de tu hijo, sobrino, niñito o niñita especial haciendo lo mismo en una seguidilla de fotos, se borran (guardate la que más te gusta). Yo, a diferencia de la gurú Marie Kondo que se despide de las fotos graciosamente a la manera japonesa, soy una ávida visualizadora de fotos. Es decir, me gusta ver fotos. Mas disfruto. Me hacen feliz. Y sé que en unos años cuando mucho de lo que las fotos me muestran se haya ido, voy a verlas y sonreír. No porque me quede pensando en el pasado sino porque me van a recordar algo lindo. Pero guardar cada cosita, cada pedacito de pasado es mucho. Borrá sin dolor.
3- Organizar en carpetas
Una vez que borraste todo lo que no querías mantener, es hora de organizar. Como muchas veces no tenemos ni idea de cuándo fueron sacadas las fotos exactamente, la mejor cosa que se puede hacer es organizar por año. Y ahí vamos poniendo las fotos por año, una a una. Después, dentro de la carpeta, como seguramente no sepas día o mes, podés organizar por evento en otra carpeta (es medio la película Inception, una dentro de otra pero creeme, funciona cuando querés buscar algo). Y si tenés tiempo y ganas, podés identificar cada foto con un nombre que te permita encontrarla más fácilmente. Pero ya por año y evento, te va a ayudar mucho.
¿Y como estamos implementando esto por casa?
Como la semana pasada, repito que uso gerundio porque es una actividad constante que realizamos en casa. El problema del acceso a la posibilidad de sacar fotos es que todo parece ser digno de foto. Es como si la memoria, el recuerdo y todo lo demás que usábamos antes no sirve más. Pero en fin, basta de queja de mujer de 44 años vieja de corazón que a veces tiene nostalgia de un pasado menos digital. Vamos a los hechos.
1- Bajar todo en la computadora (o dispositivo de preferencia)
Cuando finalmente me decidí a ordenar las fotos digitales este año, bajé todo en la compu. Era un sinfín de archivos con nombres extraños. Tuve que entrar uno por uno e ir viendo qué era qué. No lo hice en un día; me organicé para hacerlo por una semana, durante media hora, todos los días. Me dio tanta bronca perder tanto tiempo de mi vida en eso (porque no fue una semana, fue como un mes) que me prometí nunca más dejarme estar y toda semana bajo todo lo que tengo en el celular (no pongo fotos personales en redes sociales), principalmente WhatsApp.
2- Borrar sin dolor
Una vez que bajé todo, borró sin dolor memes y gifs. También borro las fotos que saqué por algún motivo (tengo muchas fotos de libros que veo en librerías y no quiero olvidarme el nombre; entonces anoto en una lista de libros para ver que tengo y borro la foto). Borro fotos mal sacadas. Borro fotos que me mandaron de algo que está bueno verlo en el momento pero después no las quiero conservar (fotos de viajes de amigos, de sus sobrinos, cosas así). Borro fotos que mis hijos sacan sin motivo (por ejemplo, están sacando fotos de sus muñecos) y borro fotos que no me acuerdo por qué saqué. Si no hay motivo, no se queda ni la foto ni el video.
3- Organizar en carpetas
Sin misterios acá, organicé todas las carpetas por año y cuando me acordaba el evento, por evento. Por ejemplo, en 2008 me fui con una amiga mochila y carpa en hombros a recorrer la provincia de Misiones. En la carpeta de 2008 tengo fotos sueltas pero una carpeta específica con ese viaje llamado, oh, “Misiones 2008”. Ayer sin ir más lejos mis suegros estaba mostrando sus fotos del viaje a Cataratas que hicieron y el punto de la triple frontera donde se ve Argentina, Paraguay y Brasil. Y está completamente diferente a cuando viajé. Fue solo poner “Misiones” en el Google Drive y aparecieron las tres carpetas de los tres viajes que hice para allá y buscar elegir la de 2008. Y claro, después quedarnos viendo fotos como en los viejos tiempos (vieja, coff, coff).
Una vez que puedas organizar el grueso de tus fotos y videos digitales, mi recomendación es:
Primero: sé más consciente de las fotos que sacás. Veinte años atrás no teníamos la posibilidad de sacar foto a todo lo que se nos pasaba por delante. Y cuando teníamos la cámara, cuidábamos que la cantidad de fotos que el rollo nos permitiera, alcanzara para lo que queríamos resgarduar en la memoria. No digo que todo pasado fue mejor ni mucho menos, pero la consciencia de que ni tu tiempo para organizar ni el espacio digital es infinito (bué, eso depende pero para adherir a mi argumento digamos que no lo es) puede ser un límite interesante para ponerse.
Segundo: toda semana tomate quince minutos para bajar todo y organizarlo. Tu futuro yo te lo va a agradecer. (Y si seguís el primer consejo de sacar menos fotos, hacer eso toda semana va a ser una papa).
Tercero: cada tanto, dale una miradita a tus carpetas. A veces ya algo que conservamos no tiene más sentido. Tenía una carpeta con unas veintipico de fotos de alumnos mío de 2010. Me guardé una foto y borré el resto. Esa fotito que guardé engloba todo lo que quiero recordar. La carita de los chicos. Los momentos que vivimos. Mi momento en ese año. Suficiente.
Cuarto: no está mal imprimir algunas si te gusta lo físico. Como en los tiempos de nuestros antepasados (o sea, los 90), tener álbunes físicos no es un impedimento para un minimalista. Para un minimalista, lo importante es eso…lo importante. Yo estoy separando fotos desde que nacieron mis hijos hasta ahora para armar un lindo álbum impreso (de fotos, no esos libritos que imprimen ahora que honestamente no me gustan. Pero como dije, soy una vieja de corazón).
En fin, la idea es siempre guardar aquello que nos es significativo e importante. Sabemos que fotos y recuerdos probablemente se van a ir a con nosotros y los que nos despidan no van a querer guardar nada. O sí, qué se yo, yo conservo fotos de mis abuelos jóvenes porque me gusta pensar que detrás de esa foto hubo mucha intención (de hecho lo sé porque mi abu me contó cuándo y cómo sacaron esas fotos, je). Pero a lo que voy: el minimalismo habla de vivir una vida con intencionalidad. Y la intención es ser feliz. Y si tus fotos te dan felicidad, saber dónde están para revivir esos momentos te va a ayudar con ese objetivo.
Nos vemos la semana que viene con más minimalismo real y más minimalismo digital y de esta vez, nos la agarramos con las redes sociales. Hasta la semana que viene.