
Yo, haciendo listas interminables (Niña escribiendo, Albert Anker)
Yo soy una persona que funciona con listas, objetivos y metas. No cumplo nada en general o cumplo la mitad, pero me gusta hacer de cuenta que lo hago. Y necesito esa organización para no perderme en el caos.
Así que mientras estas últimas semanas nos encargamos de reorganizar muchas cosas en casa, pensaba en esa frase de que si uno repite una y otra vez las mismas acciones, por qué esperaba resultados diferentes.
Yo he conseguido reducir mucho mis actividades y de hecho, creo que no las puedo reducir más. Mi calendario hoy está bastante alineado con lo que quiero hasta fin de año y sin embargo, no consigo llevarlo adelante como quiero.
Por eso, en mis momentos de reflexión (es decir, cuando lavo los platos), pensé por qué me es tan difícil simplemente hacer lo que está ahí escrito en mi agenda. Y pensé en esto del minimalismo y cómo suele funcionar.
Acompáñenme en esta lógica pensada entre espuma de detergente y platos sucios:
El minimalismo, cuando decidimos comenzar, tiene cuatro fases (en mi cabeza por lo menos):
1- Problema o situación: lo que queremos cambiar. 2- Diagnóstico: dónde estamos parados 3- Intervención: cómo vamos a llevar a adelante ese cambio. 4- Acompañamiento: seguimiento para ver si lo hacemos.
Es como una intervención educativa. Cuando tenemos alumnos con dificultades por ejemplo en la escritura, vamos trabajando por fases y vamos construyendo ese camino de aprendizaje una forma dialéctica, que no es más que una palabra bonita para decir que es un ida y vuelta y que de ese ida y vuelta se arma algo nuevo. Y así tenemos que vernos nosotros, como eternos aprendices. Al final, nos tenemos que reeducar en un montón de cosas, no llegamos acá por casualidad.
1- Problema o situación
Lo primero y principal es identificar lo que te está molestando. ¿Son las cosas? ¿Es la falta de tiempo? ¿Es ese sentimiento de estancamiento? ¿Es el universo? Determinemos exactamente qué. Y si es todo a desglosar en puntos de importancia. Por ejemplo:
a- Muchas cosas en casa. b- Poco tiempo para hacer lo que quiero. c- Cansancio constante.
2- Diagnóstico
Esta creo que es la parte más difícil, porque implica también aceptar que parte de lo que vivimos, tiene un componente de responsabilidad persona. No estoy replicando a los coaches que dicen que todo es tu culpa ni apuntando dedos, pero en algún punto, somos nosotros que tenemos que tomar la posta y moverse. Veamos:
a- Muchas cosas: ¿son cosas útiles, bellas o ambas? ¿Por qué las tengo? ¿Para qué las tengo? ¿Qué pasa si no las tengo la semana que viene? ¿Y en seis meses? ¿Y en un año? ¿Para qué las compré o las acepté o las guardé? Empezar a hacerse preguntas es el primer paso. b- Poco tiempo para hacer lo que quiero: ¿qué hago en mi tiempo libre? ¿Tengo tiempo libre? ¿Para qué quiero tiempo libre, qué quiero hacer con él? También es importarte saber el para qué queremos ciertos cambios. c- Cansancio constante: ¿duermo bien? Si sí, ¿por qué estoy cansada, estoy comiendo bien, estoy trabajando mucho, tengo demasiados problemas ajenos a mí o son inherentes a mi situación? ¿Me estoy dando algo de tiempo para mí? Además del para qué, tenemos que entender cómo llegamos hasta acá.
Intervención
Esta es la parte más linda para mí que es cuando al final te decidiste a hacer alguna cosa, algo que esté dentro de tus posibilidades hoy. No siempre se puede hacer todo lo que uno quiere pero trabajemos dentro del margen que tenemos. Pensemos en las pequeñas y grandes cosas que podemos hacer. No siempre podemos ir por lo grande, pero lo pequeño es siempre parte de nuestro territorio de acción. Sigamos con el ejemplo:
a- Muchas cosas: para empezar, se puede siempre pensar en dónde no duele tanto. En el caso de cosas, podemos empezar con lo que claramente no pertenece a tu casa. b- Poco tiempo para hacer lo que quiero: además de empezar por donde menos duele, podemos también identificar por dónde vamos a continuar una vez que pasemos por lo más fácil. Por ejemplo, si no tenés tiempo, empezamos por cortar el tiempo de Internet y el tiempo de streaming. Después, vamos por compromisos que no queremos tener. c- Cansancio constante: empezamos por lo fácil, organizamos lo más difícil y finalmente, hacemos. En este caso, cortamos Internet y streaming, después los compromisos que no queremos tener y de repente se nos abre un tiempito para descansar el cuerpo y cabeza.
4- Acompañamiento
En esta fase, me parece que lo más fácil es siempre hacerse preguntas sí o no y la principal es:
Lo que estoy haciendo, ¿me acerca o me aleja de mi objetivo?
Les pongo un ejemplo veloz. Para mí, la salud es la prioridad absoluta y total en mi vida porque sin ella no hay nada. El otro día escuchaba a un monje decir algo así: cuando uno tiene salud, tiene mil problemas. Cuando uno no tiene salud, tiene solo uno. Para mí es esto, entonces, esta semana que pasó, decidí hacer un acompañamiento simple y concreto de lo que estaba haciendo para llegar a mis objetivos y me pregunté:
- Hoy, ¿cuidé de mi salud? SÍ/NO (y después continúo con preguntas relacionadas a mis prioridades de relaciones y trabajo)
- Hoy, ¿estuve presente con mi familia? SÍ/NO
- Hoy, ¿en el trabajo hice lo que debía? SÍ/NO
Hubo varios NOs esta semana y por eso el domingo, me senté a rever el por qué. Hubo entonces fase de problema, diagnóstico, intervención y esta semana vuelvo al acompañamiento.
Creo que cuando entendemos que las listas y los objetivos se pueden perder cuando no están bien alineados con las acciones, la cosa fluye. Cuando concretamente ponemos en la mesa lo que venimos haciendo y vemos si sí o no, si lo hacemos o no y no abrimos un espacio al “depende”, al “bueeeeeenoooo…”, podemos ir creándonos un refugio para nosotros, sea físico, mental o emocional.
Problema o situación, diagnóstico, intervención y acompañamiento. 1 forma de organizarse para acompañar metas con cuatro pasos bien claros.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real
