
Yo, pensando si es bello, útil o ambos antes de descartar sin decidirme realmente (Patti Mayor, “Girl Thinking”, 1872-1962)
Recientemente escuchaba el podcast de “The minimalist mum” (o “La mamá minimalista”) y como hacía un rato largo que había parado un poco de escuchar, me encontré con varios audios nuevos (y videos, porque tiene un canal de Youtube) que trajeron aires frescos por estas latitudes sureñas. Como vengo hace unos meses con toda la intención de simplificar la vida y hacer que esta simplificación sirva para vivir mejor, me encuentro muchas veces delante de la duda sobre algunas cosas que tenemos, que nos regalaron o que entraron en casa por algún motivo. Yo honestamente me sorprendo cómo tratando de llevar una vida minimalista, estamos todo el tiempo lidiando con cosas en un departamento de 40m2. O hay duendes o estamos haciendo algo mal. Me juego a que son duendes, pero eso lo descubriremos en el camino.
En fin, a lo que voy es que en esos momentos que me deparo con cosas que no sé qué hacer, pienso en estas tres preguntitas:
- ¿Es útil o bello o ambos?
- ¿Lo usé este último año o lo pretendo usar de alguna forma en los próximos meses?
- ¿Voy a llorar en unos meses cuando me acuerde que no lo tengo, si lo dejo ir? (Puede ser algo sentimental, por ejemplo, o algo caro que justo necesitaste después de dejarlo ir y ahora no podés comprarlo. Yo tiré la tapa de mi mini procesador porque no sabía qué era cuando la barrí. Dos días después, lo supe. Y me puse triste).
Pero a veces, estas preguntas no son suficientes y entramos en el espiral de las suposiciones, de los “y si” o de los “seguro que después lo necesito”. Y acá viene el desafío: sí, todo eso puede pasar. Pero en este momento, ahora, ¿qué necesito más? ¿Espacio, tranquilidad mental o la cosa?
La Minimal Mum se separó recientemente de su esposo de muchos años (en realidad reciente para mí que la volví a escuchar pero hace como dos años por lo que vi de sus videos. Chusmerío innecesario, jejeje) y decía que en estos momentos de la vida que tuvo que irse a la casa de sus papás con sus cuatro hijos, las cosas le parecían pesadas y se hacía una pregunta:
Este objeto, ¿lo estoy usando?
Y sin más, si la respuesta era no, lo descartaba. Claro que estamos en realidades diferentes y lo que allá cuesta dos centavos, acá cuesta mucho más. Entonces no estamos para tirar cosas o donar cosas o regalar cosas como ella. Pero…hay algo de liberador detrás de esa pregunta.
Hay cosas que no vamos a estar usando cuando nos hagamos esa pregunta porque son estacionales como ropa de verano en el invierno. Pero hay otras que están ahí, esperando el momento en el que las vas a usar y no, nunca llega. No les pido que se deshagan de todo lo que no usan, pero sí que reflexionen sobre las cosas o cositas que nos cuestan energía mental y física a la hora de tener que verlas y recordar que no las usamos, moverlas para limpiar o sacarlas para ponerlas en otro lado porque ahí queremos poner otra cosa.
Les cuento un poco cómo usé esa pregunta para que vean que no es que doné el lavarropas sino que me saqué de encima objetos que no estaba usando y probablemmente nunca usaría:
- Dos libritos de garabatear con lapicera de pluma. Era para relajar. Los usé dos veces con suerte, una fecha era de 2024 y otra de 2025 (porque les ponía fechas a los dibujitos que hacía).
- Un kit de fichas de papel especial para caligrafía. (Hermoso, pero en el mismo paquetito cerrado en el que vino).
- Un libro de tejido (me anoté en un curso virtual de crochet gratuito con mis hijos que empezamos la semana que viene y me agarré un libro de la biblioteca sobre crochet. Lo vimos, y ya sé que si lo vuelvo a necesitar, lo puedo agarrar de ahí. No necesito un libro en casa del tema).
- Regalé unas harinas que compré para cocinar con los chicos. No las usamos, se van a abichar y yo ya uso cuatro harinas sin gluten que me sirven para todo. No necesito experimentar con nada más porque no me gusta cocinar. Cuanto más simple, mejor.
- Libros de cocina vegana que compré hace unos cinco años por la alergia a la proteína de la leche de los chicos. Jamás hice una receta pero marqué todas las que tal vez haría algún día. Me quedé con uno que tiene recetas básicas.
- Tres toallas. Las nuestras, que también nos fueron donadas, vieron tiempos mejores de tanto que las usamos pero las tres toallas que nos dieron, lindas, con poco uso, eran finitas. Nos gustan las más gruesas así que no las estábamos usando, preferimos nuestras viejitas. Se las pasamos a otra persona que sí las quería y las usaría.
- Vendí una enciclopedia que tenía por la mitad de precio. La amaba. Era de 1954. ¿La usaba? No, la miraba cada tanto. Con amor. Pero como dijo mi hija el otro día después de ver un dibujito: si amas algo, dejalo libre (o véndelo le agregaría).
Fueron varias otras cositas. La cuestión es que delante de esas cosas que son útiles, bellas o ambos, que podemos usar pero no sabemos cuándo, que tal vez nos deje triste perderlas pero no sabemos de verdad si vamos a estar triste, la pregunta de “¿lo estoy usando?”, puede ser de gran ayuda a la hora de tomar la decisión final.
¿Podemos arrepentirnos? Podemos. Estoy haciendo dibujos botánicos muy burdamente y recordé las fichas de caligrafía y pensé en usarlas para hacer las fichas de cada planta. Las fui a buscar y me acordé que lo había dado junto con unos lápices a una señora que trabaja en una iglesia y tienen chicos para apoyo escolar. Me arrepentí un poco pero pensé que también, los nenes les iban a dar un destino mejor y continué dibujando en mi cuadernito.
Por eso, la pregunta de “¿lo estoy usando?” puede ser mucho más útil que cualquier otra. Incluyendo la famosa “¿lo necesito?”, porque seamos sinceros, si nos cuesta dejar algo ir, siempre vamos a pensar que lo vamos a necesitar. Y otra, ¿cuál es el propósito de tener un objeto si no lo estamos usando o disfrutando?
Así que parafraseando a mi hija, si amas algo y no lo estás usando, déjalo libre.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real
