
Mi casa, que se va desdibujando y perdiéndose en el desorden… (Jack B. Yeats (1871–1957), About to Write a Letter, 1935)
Últimamente viendo mi casa, observo que cada vez hay menos desorden. Por un lado, los chicos están más grandes y ayudan más a la hora de guardar las cosas. Por otro, hay menos cosas. Sin embargo, hay desorden. Y no lo digo en término de obsesiva que si ve algo fuera de lugar se vuelve loca. Lo digo desde mi particularidad que es YO SOY EL DESORDEN. Por eso me volqué un poco hacia el minimalismo, porque me sentí apabullada en mi lío. Yo soy de esas que dicen “yo me entiendo en mi desorden” y somo capaces de encontrar un papel en medio del caos porque sabías que ese papel estaba en medio de los paquetes de fideos que nunca guardaste al volver del mercado.
Dicen que la forma como está tu casa, tu ambiente, es un poco como está o es tu vida. Y eso fue algo que a mí, en su momento, me chocó bastante. No es que vivía en el desorden, pero las cosas estaban desordenadas.
Hoy mi casa es un equilibrio entre el desorden y una vida que busca estabilidad. Fue cuando pensé en que hay dos tipos de desórdenes con los que nos enfrentamos y que están interligados.
1- El desorden físico
El desorden físico es algo que sucede siempre. Como escuché alguna vez a mi suegro decir, el desorden de una casa también muestra que hay vida. No vamos a vivir en la casa perfectamente ordenada, eso lo sabemos. Pero seguro que ya te preguntaste por qué tu casa nunca parece ordenada. Y la respuesta es la de mi suegro: porque hay vida. Pero…la cuestión del desorden físico también tiene un límite. Cuando vivimos en el desorden, eso se refleja también en otros aspectos de nuestras vidas. No es lo mismo atrasarte y saber dónde están las llaves de casa que atrasarte y atrasarte más porque no tenés idea dónde las revoleaste. Le suma un estrés innecesario a la vida. Si no se puede tener una casa ordenada, por lo menos apuntemos a que las cosas diarias tengan su casita, su lugar, su espacio. Un poquito de caos está bien. Uno que no nos permita vivir tranquilos…no tanto.
2- El desorden mental
No me refiero a ningún problema mental, por favor. Me refiero a cuando nuestras cabezas son un desorden de pensamientos. Claro que como adulto uno tiene mil cosas pasándole por la cabeza al mismo tiempo: que las cuentas, que el trabajo, que el futuro, que el presente, que la familia, que los amigos, que… La cosa es que al minimalizar lo físico, nuestra energía mental ya no tiene que andar pensando en mil y una cosa. Ahora piensa solo en mil. Y a medida que vamos disminuyendo el desorden físico, el mental también disminuye. Al mismo tiempo, minimalizar tareas del hogar y objetos que nos ocupan tiempo, hacen que lo que Fumio Sasaki, de quien ya hablamos antes, llama de “lista silenciosa”, disminuya. La lista silenciosa se refiere a aquellas cosas que aunque no las escuchamos de verdad hablarnos (espero, caso contrario, exorcista), nos hablan de alguna forma. Si tenemos plantas, nos terminan afectando de alguna forma porque nos hablan. Silenciosamente, pero no como en aquella película que las plantas hacían que las personas se mataran, sino que nos dan la obligación mental de recordar que hay que cuidarlas. Si tenemos libros que no leímos ni planeamos leer, nos dicen “por qué no nos leés”. Si te compraste algo que pensaste que usarías, como yo con mi tintas de caligrafía japonesa, y nunca las usás, cada vez que ves esas cosas, te dicen “tenés que usarme, cuándo me vas a usar” y así las cosas de una forma u otra, terminan interfiriendo en nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro entorno. No es que no tenés que tener plantas o libros, sino que lo que tengas, no te tiene que significar una carga mental. Yo tengo libros, tengo plantas, pero los estoy limitando a una cantidad que me permitan disfrutarlos y no en transformarlos en un peso mental.
Son dos desórdenes bien diferentes pero conectados. El primero tiene que ver con lo concreto, lo físico, con lo que tocamos y palpamos. Ya el segundo es más cómo nuestra cabeza es un reflejo del ambiente y viceversa. Por eso, a mantenerlos a raya a los dos porque uno y otro se retroalimentan. Cuánto y cómo depende de nosotros.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
