
Soy como la mujer del cuadro de Johannes Vermeer (1665), siempre haciendo listas de cosas (que no puedo comprar).
A pesar de que muchas veces nuestro presupuesto puede no permitirnos gastos extraordinarios o compras impulsivas, más de una vez caemos en la tentación. Puede ser por muchos motivos: cansancio, idealización de que con eso vamos a mejorar nuestras vidas, simplemente ganas de tener algo que queremos, etc. Todo válido si nos sobrara la plata y no lo hiciéramos todo el tiempo, de verdad, no juzgo a nadie porque quien no ha comprado por alguna de esas cuestiones alguna vez, que tire la primera piedra. O el primer billete. O la primera cuota que llega y decimos “por qué”.
Me reía el otro día leyendo una newsletter de The Minimalists en la que en cada párrafo hablaban de una regla. La regla de la ropa en la silla. La regla de la no sé qué, la regla de alguna otra cosa. Todo es una regla en el norte de este continente. Pero…había una que no es una regla para mí pero que vengo incorporando mucho antes de leer las mil reglas que escriben y que tal vez sí deba llamarse regla y es la de la lista de las cosas que queremos comprar. Ellos no dicen eso, pero es básicamente eso.
¿En qué consiste entonces esto de tener una lista?
Si te gusta algo que viste en línea, ponelo en la lista de deseos o en el changuito de compras. Pero no lo compres. Esperá 30 días. Esperá un mes antes de volver a pensar si lo vas a comprar, si realmente lo querés, o mejor todavía, si realmente lo necesitás.
Yo tengo una lista en Mercado Libre, nuestra Amazon latinoamericana. Solo para que sepan lo que tengo y vean que a veces algunas cosas parecen necesarias, a veces se nota demasiado que es porque queremos:
1- Un tacho de basura para el baño con tapa de bambú (de mentira, es símil bambú sino, no entraría en el presupuesto) porque nuestro tachito ya ha visto tiempos mejores. Pero resiste, no es que no sirva.
2- Una esponja vegetal con palito de madera. Tengo un cepillo de plástico blanco y bonito que sirve, pero quiero el palito de madera.
3- Un libro para los chicos (o debo decir, OTRO libro para los chicos) que habla sobre el arte impresionista.
4- Un juego de lápices de colores Faber-Castells con toque soft (que es tipo pastel…como mis pasteles que ya tengo y que descubrí que tenía más después de dar los anteriores que tenía).
Hay vaaaarias cosas más pero de estas, por ejemplo, lo que sí podría comprar es el tachito. Nada más. Y ni siquiera. Por eso, los invito a que cada vez que quieran comprar algo, se hagan una lista de eso que quieren y esperen por lo menos 30 días antes de realizar las compras. Lo que es necesario, claramente lo van a comprar. Si se me rompe un vaso y me quedan tres y somos cuatro (como pasó el mes pasado) y no tengo una reposición, lo compro, no lo pongo en una lista. Ahora, un juego de vasos con detalles y porta-vasos de mimbre, la verdad que no necesito ahora.
Si la lista no es en línea, o si no querés poner en el changuito, anotalo. Lo que no puedo poner en el changuito en línea, lo anoto en una listita. Ahí por ejemplo, tengo dos aceites esenciales que necesito (noten el NECESITO que no necesito) para una sinergia que estoy haciendo (lo reemplacé por otro pero no es lo mismo…pero no es necesario tampoco), tengo un libro (que no encontré en la biblioteca pero tengo tres libros para leer todavía), tengo un curso que es barato pero me prometí no hacer cursos si todavía tengo otras cosas prioritarias para hacer, en fin…Para tratar de ser minimalista, esa lista de cosas que quiero adquirir me demuestra que el consumo entra por lugares inesperados.
Entonces insisto: háganse una lista de cosas que quieren comprar pero no necesitan con urgencia. Y esperen 30 días. Esperen un mes. Les prometo que en un mes, gran parte de esa lista se va a quedar ahí, en esa lista.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
