
Yo, rogando por menos ansiedad y más uñas largas. (Foto de Eric Enstrom, 1918)
Desde que tengo memoria, me he comido las uñas. Me royo las uñas sería lo correcto porque no me las como; las muerdo, se debilitan, se rompen. Mi papá se comía las uñas (creo que nunca le vi uñas), mi hermana se comía las uñas y yo me como las uñas. Soy como una dependiente en eterna recuperación, por eso hablo en presente. Me cuesta mucho no caer en la tentación cuando estoy en casa (tengo suerte de que siempre me dio mucho asco ponerme las uñas en la boca fuera de casa, entonces el temor a la recaída es siempre en casa). Es un mal hábito horrible y en la escuela primaria había un apartado en el boletín que era higiene y en mi boletín lleno de muy buenos y sobresalientes, siempre había un simple “bueno” en higiene porque me comía las uñas. Traumas de infancia que me persiguen hasta hoy. Pero malos hábitos no se trata solo de algo como comer cosas dulces hasta explotar, atacar las papas fritas, o, sí, comerte las uñas. También está en bendito scrolling en las redes sociales, el quedarte viendo 4 horas de series, no tomar agua, etc. Y véase que hablo de malos hábitos, no dependencias, ni voy a entrar en eso porque no tengo ni conocimientos ni se puede hablar de esos temas con liviandad. Así solo pensemos en malos hábitos.
Vengo luchando contra algunos malos hábitos y como siempre me gusta pensar en la ciencia y cómo resuelven problemas, me propuse lo siguiente que comparto con ustedes. ¿Por qué tanto pensarlos? Porque muchas veces intentamos eliminar un mal hábito a fuerza de voluntad y terminamos frustrados. Ahora, un enfoque más minimalista nos va a llevar a observarlo, entenderlo y minimalizarlo de a poco. Veamos:
1- Racionalizarlos
Los malos hábitos suelen perder fuerza cuando dejan de ser automáticos. Por eso, a racionalizarlos. Podemos preguntarnos qué beneficio nos ofrecen esos malos hábitos, cuánto nos cuestan a fin de mes y por qué seguimos repitiéndolos.
Comer de más, pasar horas en redes sociales o comprar impulsivamente suele tener una explicación emocional detrás. ¿Se acuerdan aquello de sostener el minimalismo en el tiempo, entendiendo entre otras cosas por qué usamos el consumo como regulación emocional? Bueno, Entender esto no va a eliminar un mal hábito, pero deja de convertirlo en algo invisible. Si yo me compro un alfajor todos los días y no me hace bien porque qué sé yo, tengo pre-diabetes, pensar en esto de qué beneficio me trae el alfajor (placer, oh dulce placer…pero momentáneo, o sea, no muchos beneficios), cuánta plata nos cuesta (a fin de mes, 30 alfajores tienen su peso…) y por qué lo repetimos (en serio…¿por qué, maldito alfajor?), nos va a ayudar a dejarlo bien visible para nuestra mente negadora.
2- Planearlos
Puede parecer contradictorio, pero planear un mal hábito puede ayudar a reducirlo. Si sé que voy a comer un alfajor tres tapas el sábado por la noche, probablemente no lo haga también el jueves, el viernes y el domingo. Lo mismo va a pasar con otras cosas como con las compras, maratonear o scrollear o cualquier otro exceso ocasional. Lo que tiene límites definidos ocupa menos espacio mental y preocupaciones (y menos ansiedad) que aquello que intentamos prohibir por completo.
3- Extinguirlos
El año pasado creo, escuché una frase en inglés que decía algo así (la traducción no ayuda mucho pero está buena la idea): decía que la mayoría de los hábitos (buenos o malos) desaparecen por falta de alimento. Que si dejamos de exponerlos a los estímulos que los activan, terminan debilitándose.
Colocarnos en menos situaciones que favorezcan la repetición, ya ayuda. Si siempre paso por el mismo kiosko donde compro el alfajor, me cruzo de cuadra. Porque no siempre se trata de luchar contra el hábito para que desaparezco sino que muchas veces es suficiente con dejar de darle oportunidades para sobrevivir. Minimalizar las exposiciones a lo que nos lleva al mal hábito es una buena forma de empezar a extinguirlos. ¿Querés ver una serie pero no maratonear? Terminó el capítulo y te levantás del sillón, no dejes que empiecen los primeros diez minutos porque los primeros diez, después son 30 y a los 45 minutos se terminó el segundo capítulo. ¿Querés parar de ver redes sociales? Sacalas de tu celular, usá la computadora y limitá el tiempo que vas a usar para verlas.
Minimalizar la vida también implica minimalizar aquello que nos aleja de la vida que queremos construir. En mi caso, me puse una curita en el dedo que estoy usando para roer uñas (bueno, uña, ahora solo voy a ese dedo). Cuando estoy en casa, minimalizo la posibilidad de morder la uña porque tengo un pedazo de adhesivo que me lo impide.
Racionalizá, planificá y extinguilo si es necesario. Tu yo de futuro te lo va a agradecer.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
