
La vida que me imagino mientras viajo colgada en el colectivo (Monet, 1863)
Hoy terminamos con los tres puntos de cómo sostener el minimalismo que eran:
1- Dejar de complicarnos a nosotros mismos.
2- Dejar de usar el consumo como regulación emocional (tema de la semana pasada).
3- Construir una vida que te guste (tema de hoy).
Y este último es el que más me gusta pensar. Hace unos años, escuchando a Joshua Becker de “Becoming Minimalist”, se me quedó una frase que la tengo anotada en mi cuadernito: “construí una vida de la cual no te quieras escapar”. Y el hablaba de que la mayoría de nosotros, trabaja, vive, paga cuentas con el objetivo de salir de vacaciones y salir de esa cotidianeidad. ¿Por qué no construir una vida que nos guste vivir?
Obviamente tenemos limitaciones para crear la vida perfecta. Las horas de trabajo, las decisiones monetarias que implica vivir, las personas que conviven con nosotros. Pero creo que ahí está el problema de todos nosotros cuando empezamos (o continuamos) a vivir el minimalismo: muchos lo abandonan porque, sin darse cuenta, terminan intentando construir una vida demasiado perfecta. Voy a culpar en parte a las redes sociales y a los que hacen videos mostrando casas perfectas, en el campo, y encima en países donde no tenés que tener tres o cuatro tipos de rejas para que no te roben. Pero también es culpa nuestra creernos que esas vidas son así al 100%. Y partimos ya de premisas falsas porque nuestras vidas, no son esas vidas (y probablemente lo que muestran, tampoco lo sea).
Porque la vida real tiene cansancio, chicos en mi caso, trabajo, ropa arriba de una silla, semanas caóticas, épocas donde uno está más perdido, más ansioso o simplemente cansado de todo. Y si el minimalismo se vuelve demasiado rígido o demasiado estético, se empieza a sentir como otra cosa más a cuidar. Me pasa y me pasó muchas veces: por ejemplo, quiero las superficies vacías (mi lucha diaria). De verdad lo estamos consiguiendo pero me hacía mucha mala sangre cuando veía que todos llegaban y empezaban a revolear las cosas por todos lados. Hoy, les digo a los chicos que recuerden qué tienen que hacer cuando llegan, le cuelgo la mochila a mi compañero mirándolo feo con cara de “¿dónde va esto?” y de a poco, la cosa mejoró. Pero no 100% y si hoy vienen a casa, van a ver una pila de papeles y lápices que los chicos dejaron y que van a juntar antes de irse a dormir. Mientras están ahí y me angustia. Pero…aprendí a elegir mis batallas: lo van a guardar a la noche, la vida no es 100% superficies vacías.
Y así creo que tenemos que pensar un poco la vida. ¿Cómo podemos acercarnos a lo que queremos dentro de nuestra realidad? Como siempre digo, no es que no podamos aspirar a más, pero hoy, ahora, ¿qué podemos hacer para que la vida sea más tranquila? ¿Cómo puedo disfrutar de lo que tengo y soy hoy mientras voy trabajando en lo que no me gusta?
A mí me parece que el minimalismo sólo se puede sostener en el tiempo si ayuda a construir una vida que realmente te guste vivir. Pero al mismo tiempo, sin exigencias inalcanzables o, como lo que venimos diciendo, difíciles de sostener.
Si podemos armar una vida que nos guste dentro de nuestras realidades, seguro que sostener el minimalismo se nos va a hacer mucho más fácil.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real sostenido desde el caos de la vida.
