
Basura…miro en tu mente y veo, basura…(Pintura de Tom Brown 1933-2017)
Leí esta frase en la newsletter de The Minimalists y vengo lidiando con esta preocupación desde entonces. Ahora la preocupación es compartida porque la lanzo al éter de este podcast para que entre todos…nos preocupemos y no sea la única, jejeje.
Porque, si lo pensamos fríamente, casi todo lo que compramos tiene un destino bastante previsible. Ese teléfono que hoy cuidamos con funda y protección de pantalla con adhesivo va a terminar siendo un aparato obsoleto. Esa mesa que pagamos en cuotas algún día va a ser descartada, vendida o heredada. Esa ropa que hoy usamos va a gastarse. Incluso nuestras fotos o las cosas que más apreciamos, tarde o temprano, van a ser el problema logístico de otra persona si no la descartamos antes. Va a ser basura para vos o para alguien más.
No es una idea especialmente feliz pero tampoco creo que tengamos que autoflagelarnos pensando en que todo, todo, todo lo que compramos va a ser basura. Más bien me parece una invitación a mirar las cosas de otra manera.
1- Comprar pensando en el final
Cuando compramos algo, pensamos en el uso inmediato que le vamos a dar a ese objeto. Por ejemplo, si compramos una lámpara, nos imaginamos cómo va a quedar en nuestra mesita de luz. Si nos compramos una ropa, cómo nos va a quedar cuando la estrenemos. Rara vez pensamos en su despedida. No nos paramoa a preguntar dónde va a terminar, cuánto va a durar, si lo vamos a poder arreglar cuando se rompa, si alguien lo va a poder usar cuando yo lo deje de usar. Digo, dificílmente nos paremos a pensar todo esto. Pero…pensar en el final de un objeto puedo ayudarnos a mejorar nuestras decisiones de compra. Con un poco de culpa, sí, pero ayuda.
2- La impermanencia de las cosas
No me volví budista pero esta idea me gusta mucho. Muchas veces nos aferramos a las cosas como si fueran permanentes, sobre todo cuando viene con un toque de sentimiento. “Esto era de mi papá, ¿cómo lo voy a tirar, donar, vender?”. La realidad es que todo es impermanente. Las cosas envejecen, se rompen, se pierden, pueden hasta cambiar de dueño o de manos. Aceptar eso no significa dejar de irlos si no querés, si te querés guardar un pedacito de alguien con vos a través de un objeto. Cuando hablo de la impermanencia de las cosas y de pensarlas así, significa que dejemos de construir parte de nuestra identidad alrededor de esos objetos. “Esto es de mi papá y lo quiero guardar porque me recuerda a él y los momentos que pasamos juntos”. Perfecto. Ahora, no nos aferremos a ese recuerdo para no avanzar en nuestras vidas. Porque así como las cosas, nosotros también somos impermanentes. No gastemos nuestro tiempo en vivir partir de ellas.
3- Acumular menos
Si todo objeto es, eventualmente, una basura en potencia, entonces cada compra merece una segunda mirada para recordar que cada posesión, cada cosa adquirida, implica una responsabilidad futura.
Tal vez una de las preguntas más minimalistas que podemos hacernos antes de comprar algo no sea “¿lo quiero?” sino “¿quiero hacerme responsable de esto durante los próximos años?”. O peor, “si me voy de este mundo, ¿quiero que otros tengan que encargarse de esto?”.
Porque al final, el problema no es que todo termine convirtiéndose en basura. El problema es pensar que esto no va a pasar, que mis cosas son especiales, tan especiales que merecen ser acumuladas…hasta transformarse en mucha, mucha, pero mucha basura.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.
